El dilema del teletransporte

Voy a escribir algo, que me da miedo q me pase lo que me pasó con la cuenta de hotmail a los noventa días.

Hoy vamos a hablar sobre dos cuestiones ético-filosóficas que me apasionan y que creo que es importante resolver. Y por qué narices tenemos que hablarlo nosotros en vez de ver una serie o algo, me diréis. La respuesta es que hay mucha gente con vocación para el cobrado de productos y embutidos llenando las facultades de filosofía, pero no hay nadie en esas facultades con vocación hacia la filosofía. Hasta hace no mucho no había problema porque aquí nosotros el personal dimos ética en el colegio, y el visionado de las cuatro películas que nos proyectaron allí sin duda nos preparaba para los más sucintos debates morales en los bares. Pero ahora que tiene toda la pinta que la ética se la van a cepillar para cambiarla por asignaturas de los testamentos y cosas así, pues hay que dejar estas cosas resueltas antes de que toda capacidad ética se pierda para siempre.

  • El dilema de las vacas locas.

sacrificio_1La primera de estas cuestiones viene a cuento de la crisis de las vacas locas de hace unos cuantos años (harán diez ya? los que sean, paso de buscar). Para el que no se acuerde, la enfermedad aquella consistía en que te comías unas hamburguesa un día, y luego a los siete años te daba el típico tembleque de piececillo mientras ves la tele, a los ocho ya no podías patinar ni de coña y luego a los diez pues el tembleque iba a peor y te morías. La cuestión es que me acuerdo de cómo salían imágenes de los sacrificios de vacas, que básicamente eran unas zanjas de la ostia ardiendo y los ganaderos ingleses allí tirando camiones y camiones de vacas en las zanjas. La cuestión ética a resolver es la siguiente: ¿no habría sido lo correcto, en lugar de sacrificar y destruir esas vacas, enviarlas al África pobre? Cada vez que lo planteo la gente siempre se pone en plan humanitario ahí en plan “que cabrón eres, eso es una crueldad”, pero pensémoslo bien. Imagina que eres tú el negrito que se está muriendo de hambre (hoy). No me refiero a mucha hambre como cuando te dan las nueve y pico de la noche y tu señora sin venir del alemán y tú no has merendado, no; hambre de morirse de verdad. Imagina que, en ese estado, puedes elegir entre:

a) Morirte de hambre (hoy)

ó

b) Barbacoa de costillas y de chuletones y de pinchitos y de todo, todos los días, durante diez años ahí a reventar (y luego morirte)

Qué escogerías tú? No hay duda, no? Cuando lo planteo, hay gente que sigue sin verlo claro y sigue diciendo que hubiera sido inhumano llevarles las vacas a los africanos. Y entonces siempre digo que muy bien, pero que entonces habrá que ser coherente y dejar morir a cualquier ancianito que llegue a urgencias con apendicitis a los 75 años porque claro, va a vivir diez años más de puta madre pero luego va a morirse igual. Mucho mejor que se muera hoy, donde va a parar.

Este primer dilema lo veo tan claro que lo doy por cerrado ya. Pero os voy a plantear el segundo dilema moral que me obsesiona:

  • El dilema del teletransporte

Y me obsesiona porque pienso en él cada vez que voy a imprimir algo en la oficina. La cosa es que de entre todos los avances tecnológicos que veremos en los próximos diez años, sin duda uno de los más importantes, el que lo cambiará todo de verdad, será el teletransporte. Probablemente llegará en forma de app para iphone y android, pero eso es lo de menos; la cuestión es que el teletransporte va a ser una auténtica revolución, que va a cambiar completamente nuestra visión de las relaciones a distancia, de la regla de los 1000 km (igual ahora sí que empiezan a ser cuernos) y nuestra forma de relacionarnos con la web de renfe.
La cosa es que, a estas alturas del avance científico hacia el teletransporte (está casi hecho), parece claro que el mismo no va a consistir en “desplazarse” en realidad (eso no tiene puto sentido, sería como magia), sino que más bien consistirá en algo así como en una cabina o un algo capaz de escanear tu cuerpo, pero no así cutre de radiografía, sino escaneado tridimensional así de altísima resolución, a nivel de elementos / partículas subatómicas, y luego la información de la disposición de esas partículas / elementos se transmitirá a altísima velocidad (por ADSL de 20Mb o más, o con wifi de la ostia) hacia el sitio al que vamos a teletransportarnos, donde habrá una cabina que te imprimirá de nuevo una copia exacta, indistinguible del original. De hecho, al haberse copiado el cerebro también, pues irán todos los recuerdos, toda tu consciencia y todo tu ser, todo: y es que a estas alturas, a Dios no se le espera ya que aparezca la verdad. Esa impresora será pues como una de esas nuevas 3D, pero con la diferencia de que tendrá toner de todos los compuestos que forman el cuerpo humano, a saber: hierro para la hemoglobina, calcio para los huesos, carbono para los músculos, aluminio por si tienes una ortodoncia y así con todos los compuestos. Agua que es la mayoría no hace falta q se rellenara, asumo que la máquina impresora se conectaría a un grifo, como las cafeteras de la oficina.

Nos estamos quedando cortos de carbono, hay que cambiar el toner

Nos estamos quedando cortos de carbono, hay que cambiar el toner

Bueno, está claro cual será el principio fundamental del teletransporte  no? Escaneo en un lado, transmisión y impresión de una copia exacta de tí mismo (por tanto, eres tú mismo) en el lugar de destino. Técnicamente impecable, práctico y sin problemas pero… ya deberíais véis claro el dilema moral. ¿Qué hacemos con el sujeto de origen? Dado que la copia está en otro lado, el original ya no vale para nada, y por sostenibilidad habría que matarlo (no por vicio sino para recliclarlo, para poder hacer más toner y mantener el proceso en marcha). Pero bueno, que se haya hecho una copia perfecta no quita que al original le joda morir en el proceso entre horribles dolores (porque la muerte sería con fuego, para ayudar en lo del reciclaje). Pero, aunque le fastidie, ese original es como en nuestra democracia un ciudadano un día después de ir a votar, ya no vale para nada. Pero es un ser vivo y además estaba primero… pero por una cuestión así no vamos a renunciar a las ventajas del teletransporte, no? O sí?

Un debate apasionante que deberíamos ir empezando, no sea que pase como con el aborto, que se enquista y al final no hay quien se ponga de acuerdo. Y sin embargo, a nadie parece preocuparle. ¿Qué hacemos?

5 respuestas a El dilema del teletransporte

  1. vane dice:

    Pues ya que a mi me toca de lleno el tema del outsourcing en los país emergentes, yo veo claro qué hacer con los “originales”: crear granjas de programadores/teleoperadores/cualquier tarea a definir de manera que invirtamos en nosotros mismos y el dinero se quede en el país

    No acabo de ver lo de las piras funerarias ahí todo el día …

  2. Pablo dice:

    Mucho mejor lo de trocear el original y mandarlo a Africa. Solucionamos los dos problemas de una tacada!

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